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Estudio Huella de Carbono en Productos de Exportación Agropecuarios de Chile

Documento Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Chile

Mayo 2010

Entre Mayo del 2009 y Enero del 2010, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) ejecutó el Estudio “Huella de carbono en productos de exportación agropecuarios de Chile”1 (FIA Est-2009-0270), en co-ejecución con Servicios de Ingeniería Deuman Ltda. El Encargado Principal fue Sergio González Martineaux y el Alterno, Francisco Tapia Flores, ambos investigadores de INIA-La Platina. El estudio contó con el apoyo y participación de numerosas asociaciones gremiales del ámbito de la producción y exportación de productos agropecuarios2.
El tema “huella de carbono” amenaza con transformarse rápidamente en un factor condicionante de las relaciones comerciales entre países, no obstante no tratarse de un elemento de cumplimiento obligatorio sino que basado en la preferencia de los consumidores hacia productos de menor huella de carbono. La implementación sería a través de una rotulación de los productos, que permitirá a los consumidores tomar decisiones informadas, al momento de comprar sus bienes y contratar sus servicios.
No existe una definición única de “huella de carbono” de un producto, no obstante que se entiende que se refiere a la cantidad de gases de efecto invernadero (expresada como CO2-equivalente3) emitida por una unidad funcional del producto enviada hasta un sitio de distribución ó consumo determinado; para los alimentos, sería la sumatoria de los gases invernadero emitidos -directa ó indirectamente- como consecuencia de sus ciclos de vida, comprendiendo tanto las fases por medio de la cuales se produce y procesa un producto como las de transporte y comercialización.
El origen del término hay que buscarlo en los movimientos ambientalistas –británicos, principalmente- que empezaron hace algunos años a propugnar el consumo preferencial de alimentos de origen local, por considerarlos más amigables al medio ambiente por no incluir emisiones por transporte desde regiones lejanas. La consecuencia en el Reino Unido fue que el término está siendo asumido por los grandes distribuidores de alimentos, entre otros.
Uno de estos distribuidores (la cadena de supermercados Tesco) ya rotula sus productos con la huella de carbono que el producto asume en función de los sistemas establecidos de distribución y expendio a público; en la actualidad, esta empresa está solicitando a sus proveedores que rotulen sus productos e indiquen además sus compromisos de mitigación, a corto y mediano plazo. La solicitud se enmarca en el Carbon Disclosure Project (CDP), una alianza de inversionistas institucionales para asumir acciones conjuntas frente al riesgo climático.
El tema emerge con importancia creciente y amenaza con establecerse como una nueva exigencia de los países desarrollados, con impacto sobre los precios de los productos. Por ello, es vital que el país genere información propia sobre el tema, con análisis y evaluación de sus principales productos agropecuarios exportables, identificación de las fases críticas y definición de estrategias de mitigación, de forma de transformar la amenaza en oportunidad.
• Cuando un país cuenta con factores de emisión país-específicos2; y/o
• En áreas no cubiertas por el IPCC, como por ejemplo, manufactura de plaguicidas y de muchos fertilizantes.
Por las razones explicitadas, es de alta conveniencia que el país empiece a generar su propia información de forma de aumentar ó, al menos, mantener la competitividad de sus productos agropecuarios, identificando las fases críticas –en cuanto a magnitud de la emisión de gases invernadero- y diseñando estrategias de mitigación de emisiones, empezando por aquellas de mayor costo-efectividad y terminando con las de mayor costo y/o menor efectividad.

Resultados
Huella de Carbono Global
El Cuadro RE.3. presenta los rangos asumidos por la huella de carbono, en kg CO2e por unidad funcional, para cada producto. El primer elemento interesante es que los cinco productos con las más altas huellas de carbono incluyen, en primer lugar, por los dos productos de origen animal, seguidos por los tres productos vegetales que son trasladados por vía aérea a Europa (semillas de maíz) y a los EUA (berries). Es importante señalar que el cálculo de la huella de carbono de las carnes ovinas demandó el prorrateo de las emisiones de gases invernadero de las estancias magallánicas con el producto lana ovina; para ello, se aplicó el valor comercial actual de los productos, lo que significó asignar cerca del 40% de las emisiones a la carne. Para los quesos Gauda, se debió transformar las emisiones prediales y de los animales, expresadas por litro de leche fresca, en kilogramos de queso Gauda; en este caso, se empleó la relación que se requiere de 10 litros de leche para producir 1 kilo de queso.
Si la huella de carbono incluye transporte marítimo, los rangos de valores de los productos vegetales fluctuaron para los envíos a EUA entre -0.04 kg CO2e unidad funcional-1 (valor mínimo de palta Hass-laderas) y 2,93 kg CO2e unidad funcional-1 (valor máximo de vinos); si el envío es a Europa, el rango quedó comprendido entre 0,01 y 2,97 kg CO2e unidad funcional-1, para los mismos productos. Fue evidente que la inclusión del cambio de uso para paltas del interior de la Región de Valparaíso se tradujo en una reducción significativa de la huella de carbono, debido a un balance favorable a la captura de carbono atmosférico de esta fase.

El Cuadro RE.4. señala que el aporte del transporte marítimo entre países es relativamente bajo pero se transforma en dominante cuando es aéreo, tanto en términos relativos como absolutos. En valores absolutos, el aporte del transporte por mar fluctuó entre 0,10 y 0,12 kg CO2e por unidad funcional si el destino fue Norteamérica (entre 0,14 y 0,20 kg CO2e por unidad funcional si el destino fue Europa) pero la contribución a la huella de carbono de los productos transportados por vía aérea excedió los 5 kg CO2e por unidad funcional.
Las figuras RE.1. y RE.2., junto con el Cuadro RE.3., grafican el impacto de la fase de transporte internacional cuando se hace por vía aérea, respecto de cuando ocurre por la vía marítima. Para las frambuesas, por ejemplo, el transporte aéreo hasta EUA hace crecer la huella de carbono en cerca de 5 kg CO2e kg-1 producto, pasando esta fase a ser lejos la de mayor aporte relativo: el cambio de marítimo a aéreo incrementa el peso relativo de esta fase en cerca de 60%.

Huella Carbono Nacional
El Cuadro RE.5. presenta los rangos de valores asociados a las fases del ciclo de vida que ocurren en el territorio nacional y que conforman por tanto la huella de carbono nacional.

La desagregación de la huella de carbono entre global y nacional, con la diferencia de que esta última excluyen la fase de transporte internacional, es importante desde el punto de vista de la gestión posterior de los datos alcanzados, especialmente desde la perspectiva de una estrategia de mitigación que debe apuntar preferentemente hacia las acciones que ocurren en el territorio nacional y que, por tanto, son controlables.
Si bien los valores de huella de carbono son el resultado de las circunstancias productivas y de comercialización de cada productor, llama la atención la posición favorable de las paltas producidas en posición de ladera, no obstante tratarse de un cultivo en el que se invierte mucha energía, principalmente electricidad, para la elevación y distribución del agua de riego; el mayor consumo de energía de las paltas en ladera, respecto de las de fondo de valle, se explicita en el Cuadro RE.6.

Ahora si vemos más en detalle:

Paltas en valle
La Figura RE.6. señala que, coincidente con las semillas de maíz, la huella de carbono de las paltas producidas en fondo de valle está dominada, entre 60% y 70%, por la producción de xxi campo; le siguen los packings cuyo aporte fluctuó entre 21% y 27%, y el transporte terrestre nacional, con aportes entre 3% y 13%. Para este producto, no hubo necesidad de contabilizar cambio de uso de los suelos. Para este producto, casi el 70% de las emisiones fueron directas, consistiendo el restante 30% prácticamente en emisiones involucradas; estas emisiones fueron generadas a partir de las tres fuentes de emisión (insumos, residuos, fuentes de energía) en una proporción casi equivalente.
Estos resultados indican que la estrategia de mitigación debiera centrarse en la producción de campo, con formulación de BPA, de programas de eficiencia energética y considerar la huella de carbono de los suministros; estas dos opciones pueden hacerse extensivas a packings y transporte terrestre.

Paltas en ladera
La Figura RE.7. muestra que la huella de carbono de las paltas producidas en laderas está condicionada por el cambio de uso que, bajo las circunstancias del interior de la Región de Valparaíso, significa un balance favorable a la captura de carbono atmosférico; para un par de productores encuestados, la captura neta de esta fase fue mayor que las emisiones de gases invernadero de las otras fases. Fue evidente entonces que el crédito que generó la captura neta de carbono atmosférico redujo sensiblemente la huella de carbono de este producto.

Debe enfatizarse que este impacto positivo del cambio de uso debe tomarse con cautela, debido a las consideraciones de carácter ambiental que pudieran plantearse sobre este hecho. Por ello, es de alta conveniencia que los productores afectados cuenten con información objetiva que les permita garantizar que el cambio de uso aludido no solo no se tradujo en pérdida de patrimonio ambiental, sino que, por el contrario, en aumento del valor ambiental y social, además del económico, del espacio habilitado.
Dejando fuera de consideración el cambio de uso y concentrándose el análisis en las otras fases del ciclo de vida, la Figura RE.8. muestra que la situación de la huella de carbono fue similar a la de las paltas de valle: el principal aporte provino de la producción, seguida por el packing para terminar con el transporte nacional. En cuanto a mitigación, se reitera lo planteado para las paltas en posición de fondo de valle.

Conclusiones
Para estos productos vegetales, aunque hubo variabilidad entre los productores, el resultado común es que la fase de producción es la que más contribuye a la huella de carbono, por lo que toda estrategia orientada a mitigar las emisiones debe centrarse en la producción de campo, apuntando a reducir las emisiones directas tanto las producidas por los insumos como por el consumo energético, básicamente eléctrico; otro punto sensible es conseguir reducciones en las emisiones involucradas mediante la elección de suministros con baja huella de carbono. En consecuencia, la formulación de BPA, programa de eficiencia energética y contar con información sobre la huella de carbono de los suministros es relevante para estos productos.

Lo mismo que se planteó, al analizar los productos animales, la estrategia mitigadora no puede dejar de cubrir temas de gestión cuya inclusión no significa aumento de costos: optimización de la ruta y transporte de los productos; armonización del avance de los productos a lo largo de su ciclo de vida; reducción de distancias y número de viajes entre sitios de compra de suministros y sitios de uso; y reducción de emisiones por disposición de los residuos generados.