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Con ello se espera compensar la menor disponibilidad de abejas. En la primera etapa los investigadores capturarán en huertos de la provincia de Quillota y de San Antonio, diversos compuestos volátiles emitidos por las flores de este cultivo.

La producción de paltas está estrechamente ligada a la presencia de abejas ya que el accionar del insecto representa el 80% del proceso de polinización en esta especie. Sin embargo, existe un déficit cercano a las 400 mil colmenas a nivel nacional, factor que ha generado un verdadero problema.

‘Según la FAO, se estima que hay entre 600 mil y 800 mil colmenas distribuidas a lo largo de todo el territorio, mientras que los agricultores necesitan alrededor de 1.327.070 colmenas durante el período de polinización’, advierte Álvaro Eyzaguirre, director ejecutivo de FIA.

Y si bien en el entorno existen diversos insectos polinizadores, no siempre son atraídos por los paltos.
En este escenario, la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) e INIA La Cruz se unieron en un proyecto que busca desarrollar un atrayente artificial de insectos polinizadores silvestres que simule el aroma de la flor de palto, lo que mejorará el rendimiento de este cultivo.
El proyecto comenzará los primeros días de octubre y se estima que tendrá una duración de 48 meses, tras los cuales se espera contar con el compuesto desarrollado.

‘El piloto se llevará a cabo sólo en Quillota y San Antonio (Región de Valparaíso), porque con estas dos zonas agroclimáticas se busca homologar las condiciones de producción que existe a nivel nacional’, explica Eyzaguirre.

“Capturar” el aroma

Para lograr el objetivo, los investigadores capturarán, en diversos huertos de palta Hass de la provincia de Quillota y de San Antonio, los compuestos volátiles que emiten las flores de esta especie.
Posteriormente, analizarán tales muestras en laboratorio y determinarán cuáles atraen a los insectos a través de la técnica de electroantenografía. ‘Para ello, se evaluarán las respuestas electrofisiológicas de la antena de los insectos ante estímulos químicos. Las antenas son equivalentes a nuestras narices, siendo órganos que alojan una gran cantidad de neuronas receptoras olfativas’, dice Jaime Martínez, director del proyecto e investigador de INIA La Cruz.

Los elementos detectados por las antenas, dice el investigador, serán evaluados por separado para analizar qué respuesta conductual genera en los insectos, es decir, si los atraen o no. Aquellos que resulten atrayentes, serán utilizados para crear el compuesto artificial.
Una vez que todos los elementos sean detectados y estudiados, los expertos intentarán crear un difusor que permita al atrayente floral sintético ser asperjado al ambiente de manera similar a como lo hace una feromona.

‘Para lograr este objetivo, tenemos considerado utilizar septas de goma’, explica el investigador de INIA La Cruz, añadiendo que este es un elemento circular y esponjoso, que al ser presionado liberará el compuesto.

Fuente: Revista del Campo – El Mercurio