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Tras registrar la peor cosecha de su historia, para la temporada 2021-2022 se espera volver a niveles cercanos a 180 mil toneladas, según las estimaciones preliminares. Entre los desafíos que vienen está mejorar la productividad de los huertos y mantener la confiabilidad con los mercados externos.

‘Sin duda que esta fue la temporada con la producción más baja de la historia’, dice en forma tajante el asesor Gonzalo Vargas al evaluar el resultado de la campaña 2020-2021 para las paltas chilenas, que para muchos quedará en el recuerdo por los altos precios para el consumidor que alcanzó durante el verano, superando los cinco mil pesos por kilo.

Si en una temporada promedio la cosecha nacional de paltas se ubica en torno a las 200 mil toneladas –y en la campaña anterior habría alcanzado las 170 mil toneladas, pese a que solo existen datos oficiales para la cantidad que se exporta–, en el período 2020-2021 habría alcanzado solo las 140 mil toneladas, lo que corresponde a una baja cercana a 20%, de acuerdo con las cifras del Comité de Paltas.

Uno de los factores más conocidos que explica la caída es la menor superficie en producción ya que, debido a la sequía, varios productores han podado a tocón sus huertos, esperando contar con más agua cuando vuelvan a producir.
‘Tenemos estimaciones de que Petorca bajó en 50% la superficie productiva y Quillota, en torno al 35%, debido a que se cortaron a tocón los huertos, algo que no está contabilizado en los catastros frutícolas porque no se consideró que dejaron de ser productivos’, afirma el gerente del Comité de Paltas, Francisco Contardo.
De hecho, los datos del último catastro frutícola de la Región de Valparaíso, realizado el año pasado, muestran un aumento de 6% en la superficie de paltos de esa zona, pasando de 19.135 hectáreas en 2017 a 20.318 hectáreas en 2020. A nivel nacional, en tanto, se contabilizan 30 mil hectáreas, unas cuatro mil menos que hace una década.
A ese cuadro se sumaron condiciones climáticas puntuales que complicaron la cuaja de los paltos, como temperaturas bajas en octubre de 2019, en el período de floración, y luego una ola de calor durante noviembre y diciembre de ese año, que provocó la deshidratación de las flores y la muerte de los embriones de la fruta por estrés.
‘Después de eso, el verano de 2020 fue uno de los más calurosos que se han registrado y le pegó a la cuaja de los paltos en los valles interiores’, explica Gonzalo Vargas.

La fuerte caída de la producción no solo impactó en los altos precios del mercado nacional, sino que especialmente a las exportaciones, que disminuyeron más de 70% respecto de la campaña anterior (ver infografía) y generó problemas para cumplir con los programas. Con esos elementos se dibuja un nuevo escenario para esta fruta, donde será necesario afinar el manejo agronómico y flexibilizar las estrategias comerciales para mantenerse como un proveedor confiable.

Hasta ahora, la nueva temporada 2021-2022 traería una recuperación de los volúmenes de producción, que en forma preliminar se estima que podría acercarse a los niveles de la penúltima campaña, en torno a las 180 mil toneladas.
Sin embargo, la recuperación no afectaría a los precios de la fruta, ya que la demanda internacional y local sigue firme.
‘Para las exportaciones, yo creo que los precios van a estar relativamente estables, porque tenemos muchas más posibilidades de vender en el exterior debido a que la fruta de Chile es preferida. Y el mercado interno no creo que vaya a cambiar mucho, porque si el productor ve que no le pagan lo que busca, va a esperar y no va a cosechar. Por eso creo que el precio va a seguir alto’, plantea José Martínez, gerente general de Jorge Schmidt Exports.

Programas más flexibles

Otro de los elementos que complicó a la palta en el último año fue el coronavirus. Si bien el consumo del fruto sigue creciendo a nivel global, el comportamiento de los mercados no fue estable y generó cambios que las exportadoras tuvieron que enfrentar con rapidez.
‘Mercados que estaban comiendo poca palta, debido al covid-19, repentinamente comenzaron a comer mucha palta, mientras que otros destinos que iban muy bien, con un poco más de volumen no respondieron adecuadamente’, dice el asesor comercial Rodrigo Kunstmann.

A eso se suma el buen desempeño del mercado local, que durante buena parte de la temporada habría alcanzado precios más atractivos que las exportaciones, y el crecimiento de la oferta de palta de otros países, como Perú, Colombia y México, que durante algunas semanas coinciden con la oferta chilena.
‘Todo eso dibuja un escenario cambiante para la próxima temporada y la pregunta es cómo enfrentarlo buscando más flexibilidad comercial y programas más cortos y específicos’, añade.

Dentro de ese panorama, varios fuentes coinciden en que las exportadoras no pudieron completar sus programas, algo que no había ocurrido antes y que, de repetirse en las próximas temporadas, podría afectar a la industria chilena.
‘Siempre hay una cierta flexibilidad en los programas y hasta la temporada pasada siempre se habían podido cumplir, pero este año efectivamente hubo muchos programas que no se completaron… En nuestro caso, lo previmos con anticipación y lo fuimos conversando con los recibidores desde diciembre, y se entendió porque era una situación del país completo y no de una empresa en particular’, afirma el director comercial y socio de la Exportadora Santa Cruz, Jorge Covarrubias.

Aunque la menor producción fue un tema puntual, lo que sí marcará el panorama en forma permanente para los próximos años es la oferta creciente de otros países, como Perú, que coincide con las primeras semanas de Chile; México, que está aumentando sus envíos a mercados como Europa y coincide con las últimas semanas de envíos nacionales; y Colombia, cuya producción va al alza y se topa con la local.
‘Las temporadas ya no están tan marcadas y eso genera una condición distinta para las negociaciones en los mercados’, resalta Francisco Contardo.
‘Siempre se trata de tener una consistencia en el tiempo con los mercados y con los clientes, para tener confiabilidad y con un año como este, donde muchos productores cortan los programas, naturalmente se genera una desconfianza de los compradores, que van a tratar de buscar otras alternativas(…). Pero Chile sigue teniendo una preferencia y si maneja bien sus proyecciones se puede mantener perfectamente bien con precios altos’, afirma José Martínez.

Nuevos mercados

Pese a que hasta hace algunas temporadas China se percibía como la nueva estrella para las paltas chilenas, este año los envíos disminuyeron con fuerza y algunos exportadores lo perciben como un mercado que se desarrollará en el largo plazo, ya que la vida útil de las paltas es acotada y se debe contar con buenas condiciones de logística y manejo en el destino para conservar su calidad.
Sin embargo, la apertura de nuevos mercados, como Corea del Sur y Australia, donde Chile es el segundo país que puede enviar paltas, junto con Nueva Zelandia, es vista con buenos ojos.
‘Chile es un país acostumbrado a buscar oportunidades afuera y, aunque en años como el que acaba de terminar es difícil hacer aperturas, algunas exportadoras realizaron envíos a Australia con programas menores’, afirma José Martínez.

También resaltan la ventaja que mantiene la fruta nacional en los mercados externos por su calidad, algo que se puede seguir aprovechando a futuro.
‘Si hay una palta mexicana y una chilena al lado, para un programa de supermercados se va a preferir la chilena. No sé si se pague más por ella, pero al tener una mejor oportunidad de venta también va a conseguir un mejor precio frente a tener que venderla en un mercado spot’, explica Jorge Covarrubias.

En ese sentido, el manejo a mediano plazo para los productores en cuanto a decidir qué volumen exportar y cuánto destinar al mercado interno también tendrá que ser más fino, considerando que los espacios serán más acotados.
‘Así como en los años noventa se enviaba todo a Estados Unidos, y años después todo a Europa, la comercialización va a pasar a ser mucho más de nicho, con más oportunidades de tiempo, donde cada productor va a tener que ir aprovechando los espacios para obtener un mejor resultado con su fruta dependiendo de sus volúmenes y calibres’, proyecta Rodrigo Kunstmann.

Mejorar el manejo

Gonzalo Vargas asesora a productores de paltos desde la Región de Atacama hasta La Araucanía y dice que le llama la atención cómo los manejos agronómicos pueden generar resultados tan distintos dentro de una misma zona geográfica, por lo que considera que una tarea pendiente para los productores es aumentar la productividad.
‘Este año en el que tuvimos la peor cuaja de la historia, vemos que hay productores que obtuvieron muy buenos resultados, con 20 toneladas por hectárea, mientras que sus vecinos tuvieron dos toneladas… Los que podan y lo hacen bien, los que realizan manejos de nutrición floral y los que tienen una mayor diversidad de variedades polinizantes les fue muy bien’, dice.

En ese sentido, asegura que los problemas de cuaja de los paltos hoy no se pueden atribuir solo a las condiciones climáticas, sino que también a aspectos como la fertilización, donde se deben aplicar reguladores de crecimiento, nutrientes y bioestimulantes entre el período de floración y la cuaja.
‘También hay muchos huertos que están emboscados, porque los productores no los podan, ya que como el precio de las paltas es alto, con pocos kilos de rendimiento obtienen un ingreso interesante y no van por más. Eso no ocurre en otras especies, donde si no las podaran, simplemente no les daría el negocio’, explica Gonzalo Vargas.

Para la temporada 2021-2022, asegura que viene una recuperación respecto de la última campaña, aunque es una base de comparación muy baja, y en forma preliminar proyecta que la cosecha debería situarse en torno a 200 mil toneladas.

Fuente: Revista del Campo – El Mercurio