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Estudio de Fundación Chile, tras mediciones en seis cuencas, plantea estrategia de cuatro pilares, con medidas que incluyen plantas de desalación y un sistema nacional de información.


El Balance Hídrico Nacional, documento de la Dirección Nacional de Aguas (DGA) que este año tendrá su versión definitiva después de 32 años, establecerá cuánta agua disponible existe en el país. En un adelanto entregado a principios de año, ya estableció que el país tiene un déficit de agua que oscila entre 10% y 37%.

Bajo este deficitario horizonte nació Escenarios Hídricos 2030, una iniciativa creada en 2016 por la Fundación Chile, la Fundación Futuro Latinoamericano y Fundación Avina, que busca mejorar el escenario hídrico para el período 2030-2050, y en ese contexto presentará el martes 18 de junio el estudio “Transición Hídrica: el futuro del agua en Chile”, en un evento que será encabezado por la ministra de Medio Ambiente, Carolina Schmidt.

Escenarios Hídricos 2030 se inspiró en el positivo impacto de una iniciativa paralela, Escenarios Energéticos Chile 2030, imitando su proceso colaborativo, pero esta vez enfocado en el agua.

Para paliar este déficit, el documento propone establecer una estrategia con énfasis en cuatro ejes: gestión e institucionalidad del agua; conservación y protección de los ecosistemas hídricos; eficiencia y uso estratégico del recurso hídrico; y migración e incorporación de nuevas fuentes de agua.

Embalse La Paloma con evidentes muestras de sequía.

Estos cuatro puntos incluyen, por ejemplo, tener una gestión integrada de recursos hídricos, un sistema nacional de información, áreas de protección, recuperación y conservación de ríos y humedales, reforestación, sistemas de riego optimizado, embalses para acumulación de aguas, desalación mediante osmosis y tratamiento de aguas servidas, entre otros.

Ulrike Broschek, líder de Escenarios Hídricos 2030 y subgerente de Sustentabilidad de Fundación Chile, dice que la implementación de estas cuatro medidas sería clave para alcanzar la seguridad hídrica. “El 44% de las causas de los problemas hídricos se relacionan con una deficiente gestión del recurso, el 17% se debe al aumento de demanda del agua, 14% a la contaminación del agua, 12% a la disminución de la oferta de agua, 6% a un daño ambiental de los ecosistemas hídricos y 5% al alza de la frecuencia de desastres naturales”.

Para elaborar la investigación, Fundación Chile estudió seis cuencas (ríos Copiapó, Aconcagua, Maipo, Maule, Lebu y Baker), identificando los problemas descritos y estableciendo posibles soluciones.

La Ciénaga del Nameg se ha visto afectada por la disminución hídrica. Crédito: Fundación Chile

Sobredemanda

Otro factor de riesgo es la sobreexplotación del agua producto del incremento de su demanda, que se ve agravada debido al sobre otorgamiento de derechos de aprovechamiento de aguas ocurrido en las últimas décadas.

Chile está dentro de los 30 países con mayor estrés hídrico, y se estima que en 2040 será el único en Latinoamérica bajo esta condición. “Cada país con estrés hídrico se ve afectado por una combinación diferente de factores. Chile, por ejemplo, proyecta pasar de un estrés hídrico ‘medio’ en 2010 a un estrés ‘extremadamente alto’ en 2040, además que será una de las naciones con mayor probabilidad de enfrentar una disminución en el suministro de agua, debido a los efectos combinados del alza de las temperaturas en regiones críticas y los cambios en los patrones de precipitación”, dice Broschek.

Añade que “los cuatro ejes de la Transición Hídrica se implementan a través del desarrollo de una Política Hídrica de Estado a nivel nacional, con la priorización del agua a nivel nacional, con el desarrollo de incentivos para el uso eficiente y sustentable del agua y el desarrollo de mecanismos financieros y regulatorios para su habilitación”.

Dada la magnitud del problema que se está viviendo, “la poca voluntad política que ha existido en los últimos 20 años y el insuficiente avance en la temática, la situación es grave. Si salimos de las visiones sectoriales, reconocemos que debemos cambiar la forma de gestionar el agua, damos la prioridad necesaria a este recurso vital, convirtiéndolo en un eje estratégico de desarrollo, podríamos estar a tiempo de revertir la situación. Sin embargo, se requiere de un punto de inflexión relevante”, dice Broschek.

Fuente: QuéPasa – La Tercera