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Mantener la calidad organoléptica y nutricional de la palta hasta el consumidor final sigue siendo un reto para sus productores y distribuidores. Esta pasa por aplicar diversas técnicas durante las diferentes etapas que forman su poscosecha

El consumo de palta se ha disparado en los últimos años tanto en España como en el resto del continente europeo. Tan solo hay que fijarse en las cifras, pues entre los años 2000 y 2017 las importaciones de este alimento en la Unión Europea se multiplicaron por cuatro. El éxito tras el incremento del consumo de esta fruta exótica se encuentra en la gran promoción que se ha hecho desde los principales países productores en latinoamérica (México, Perú, República Dominicana y Colombia), así como por sus propiedades beneficiosas para la salud, ya que aporta un alto contenido de proteínas y de aceites vegetales.

En España el cultivo de palta ha crecido considerablemente en los últimos años y se calcula que hay alrededor de 10.000 hectáreas con un rendimiento medio de 6.000 toneladas por hectárea. La principal zona productora se encuentra en Axarquía (Málaga), seguida de cerca por las Islas Canarias; pero a este fenómeno también se están sumando otras provincias como Valencia, Cádiz y Huelva.

Mantener la calidad poscosecha de la palta sigue siendo un reto importante para los responsables de su cosecha y postcosecha. Hacer posible que los consumidores puedan disfrutar de su mejor apariencia y sabor, así como de todas sus propiedades nutricionales pasa por aplicar diversas técnicas durante las diferentes etapas que forman la poscosecha de la palta.

Cómo manipular la palta en poscosecha
Para saber cómo manipular este fruto después de cosecharlo, debemos tener en cuenta que se trata de un fruto climatérico. Es decir, que la madurez de la palta se inicia cuando se desprende del árbol. En este proceso tiene lugar un aumento de la tasa de respiración y del etileno. Asimismo, merece la pena destacar que la maduración puede hacer que la palta desarrolle algunos agentes patógenos que pueden afectar a su calidad. Por esta razón, es necesario tener en cuenta los siguientes aspectos:

Refrigeración del producto
Un control adecuado de la temperatura de conservación y transporte en la poscosecha de la palta es indispensable para prevenir que este fruto desarrolle ciertas enfermedades o le puedan afectar diversos agentes externos. De todos modos, hay que tener en cuenta que este fruto es capaz de reducir su actividad fisiológica por sí mismo. Por lo tanto, es necesario tener cuidado con el tiempo de exposición al frío, ya que temperaturas excesivamente bajas o un tiempo demasiado largo pueden causar una mala maduración o, incluso, quemaduras.

La temperatura media de refrigeración en la poscosecha de la palta es de entre 4 y 8ºC, aunque algunas variedades son más resistentes y pueden funcionar bien entre 3 y 7ºC. Una de ellas es la Palta Hass, que actualmente tiene una gran consideración comercial por su resistencia.

Humedad relativa
Otro factor indispensable después de la recogida es el cuidado de la humedad relativa en la que se maneja el fruto. Si la aumentamos en la zona donde se almacena o transporta, podremos conseguir que no pierda tanta agua por la transpiración, pero nunca debemos superar la barrera del 90% de humedad relativa en el ambiente, si queremos evitar la proliferación de microorganismos.

Si las paltas no están refrigeradas, y ante la posibilidad de un exceso de humedad, se recomienda aplicarles un recubrimiento para frutas con los que evitar la aparición de posibles daños.

Atmósfera controlada
Durante la poscosecha de la palta es indispensable mantener una atmósfera controlada que evite que el oxígeno del ambiente se combine con la tasa de respiración del fruto para acelerar en exceso su proceso de maduración. Reducir el oxígeno y aumentar el dióxido de carbono ayuda a que el fruto no madure antes de lo necesario y pueda durar más semanas en buenas condiciones antes de llegar al cliente.

Fuente: PosCosecha.com