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Ya sea en las extensas praderas donde se cosecha fruta, en los packings o trayendo los campos a la ciudad, a través de la agricultura vertical, la adquisición de herramientas busca aportar en un rubro que a nivel mundial es el segundo menos tecnologizado.

 

Cuando le preguntan a Mario Bustamante, fundador de Instacrops -asistente virtual para agricultores creado en Chile-, si el uso de tecnología en la agricultura chilena es una utopía o una realidad instalada, recuerda sus inicios, hace poco más de cinco años, cuando le tocaba viajar a los campos a presentar su creación, aún con ropa universitarias, “chascón y con aros”, y los agricultores, al escuchar sus propuestas donde  ofrecía monitorizar los campos con Big Data para mejorar la producción, solo respondían con un “ver para creer”.

“Al principio cuesta más, porque no hay una especie de ecosistema, no estaban las redes sociales como hoy, donde la agricultores pueden ver varias tecnologías. Sí, era una utopía, pero hoy es una realidad”, asegura Bustamante frente a un rubro que es el segundo menos tecnologizado a nivel mundial, y que en Chile no es la excepción. La más reciente Encuesta Nacional de Innovación (2020), realizada por el Ministerio de Economía, muestra a la agricultura y la ganadería en el noveno sector económico nacional, concentrando un 13,85% de la innovación del país frente un 39,4% que sostiene la electricidad, el gas o el agua.

Hoy existe una activa y creciente industria de tecnologías para el agro que buscan automatizar sus funciones, y que según el director ejecutivo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), Álvaro Eyzaguirre, el uso de estos avances es una realidad para un grupo de productores agrícolas en el país, teniendo una baja penetración entre los productores medianos y pequeños. “No diría que para ellos es una utopía, porque sí tienen a su alcance algunas de estas tecnologías, pero todavía queda mucho camino por recorrer”, detalla.

 

En el caso local, son diferentes startups las que lideran procesos de automatización en lo agro, tanto en las cosechas como en el packaging, innovando en nuevas formas de producción. Bustamante, con Instacrops, ha llamado la atención de diferentes agricultores, llegando a monitorear a la fecha a más de 70 mil hectáreas en diferentes países de la región, tamaño equivalente al del Gran Santiago, a través de equipos tecnológicos de precisión como drones o sensores plug and play que funcionan con energía solar, los cuales recogen datos de temperatura, humedad, precipitaciones o humedad del suelo, entre otros, generando un impacto en las producciones.

Bustamante, desde la creación de su startup, ha visto cómo la adopción de tecnología ya no es “nice to have”, sino que se ha vuelto necesario para enfrentar la crisis climática, la sequía y el agotamiento de las zonas arables. Francisco Darat, gerente de la Agricola Frutasol Chile, empresa dedicada a la producción de frutas de exportación hace más de 35 años, es uno de los que utiliza Instacrops en los campos que administra. Darat reconoce que aún hay tecnologías que se ven muy lejanas como las cosechas automatizadas, como ocurre en Estados Unidos, donde compañías como Good Fruit Grower han integrado herramientas capaces de recoger manzanas sin causarles daños durante el proceso, pero las ya existentes “nos ayudan con sus estaciones meteorológicas y otras herramientas a estar constantemente monitoreando, revisando, e informando a los técnicos, para poder tomar buenas decisiones y en momentos oportunos”.

El cambio climático y la actual crisis económica han relevado la necesidad de contar con una producción agrícola más eficiente, autónoma y sostenible, plantea Francisco Guzmán, director de Claro empresas, “basada en una gestión precisa y en el uso responsable de los recursos. El IoT, Big Data y la Inteligencia Artificial son algunas de las tecnologías que lideran este cambio. Así, hoy es posible obtener datos que permiten mantener la tierra fértil todo el año, automatizar los sistemas de riego, reducir el consumo de agua, controlar los niveles de luz y humedad, además de disminuir el uso de fertilizantes y herbicidas, entre otras aplicaciones”.

Guzmán apunta que se trata de una transformación digital dirigida no sólo a los grandes productores, sino también a pequeños agricultores que trabajan predios familiares o están abocados a la agricultura orgánica, “y que al incorporar estas técnicas pueden potenciar sus emprendimientos para llevarlos al siguiente nivel”. A nivel local, señala el ejecutivo, hay varios casos interesantes. Y enumera algunos: “Por ejemplo, algunos apicultores han empezado a implementar soluciones IoT para hacer frente a la sequía que afecta al país. Una de las herramientas elegidas para ello es BeeWaze, una plataforma que -a través de sensores- monitorea las colmenas y predios todo el año, entregando información en tiempo real para reducir el riesgo de muerte de las abejas, elemento fundamental en la cadena de producción de alimentos. En la práctica, el sistema genera alertas preventivas que pueden seguirse desde cualquier dispositivo con conexión a internet”.

 

 

 

Agricultura vertical

Si se trata de automatizar procesos en la agricultura, Cristián Sjögren y Pablo Bunster, dos profesionales provenientes de la energía renovable, dejaron atrás sus trabajos para traer los campos a las ciudades. Hace un poco más de dos años formaron Agrourbana, startup dedicada a la agricultura vertical, práctica de producir alimentos en capas apiladas verticalmente, en su caso utilizando luces LED y cultivo hidropónico, para entregar la luz y agua necesaria para cosechar hortalizas con una nutrición muy precisa en espacios con climas controlados. Una tendencia que crece en ciudades donde es imposible hacer agricultura, como lo es la costa este de Estados Unidos, Medio Oriente o Japón, donde este tipo de agricultura está creciendo a una tasa anual del 25 %, y se proyecta que de aquí el 2025 será una industria que va a tener un valor de US$13 mil millones.

“En vez de enfocarnos en un país donde los productos son muy caros porque el clima no está, decidimos partir en un país en vías de desarrollo y con clima que cuenta con las mejores condiciones, para ser el primer lugar en el mundo en donde la agricultura vertical pueda ser competitiva sin ningún tipo de subsidio”, explican sus creadores, que en junio de 2020 recibieron un espaldarazo, tras conseguir cerca de un millón de dólares en capitales de riesgo.

Para Sjögren, gerente general de Agrourbana, la agricultura vertical se transforma en una revolución significativa, debido a que su tecnología agropecuaria permite ahorros de un 99% del suelo ocupado y hasta un 95% de agua para producir la misma cantidad de vegetales, con una mejor calidad. Si bien este método aún se encuentra en sus verdaderos inicios, estos decidieron apostar por la región con un formato que busca no solo entender las plantas, sino que adaptarse a las nuevas exigencias de usuarios a la hora de elegir un producto en las góndolas de los supermercados.

“Las nuevas generaciones leen la etiqueta en el supermercado más que cualquier otra. La sofisticación del consumidor le está exigiendo más a los productores, y la manera que se ha hecho la agricultura hasta hoy no ha podido dar abasto a esas condiciones de consumo. Eso es parte de la puesta en valor de traer la agricultura vertical a Chile”, relata Pablo Bunster, quien ve en la startup una posible solución al automatizar la producción de alimentos. Con la construcción de la primera granja vertical de Latinoamérica en Quilicura durante el 2020, el equipo detrás de Agrourbana ha comenzado a comercializar sus hortalizas para consumo local como parte de un programa piloto que busca crecer en variedades. “Nuestro plan parte en Santiago y ahora trabajamos para construir la primera planta de escala industrial en Chile y en la región, aumentando por 20 la producción piloto”, asegura.

Agrourbana es un caso en el continente, pero a nivel internacional se han invertido más de US$1000 millones para potenciar la agricultura de interiores en los últimos 18 meses. “Está muy efervescente este sector porque los inversionistas ven que aporta el futuro por el lado de hacer más con menos, de aportar resiliencia al sistema alimentario que con el covid quedó al descubierto la fragilidad que tiene”, cuenta Sjögren, recordando que a mediados de junio del 2020 ocurrió el desabastecimiento momentáneo de legumbres, lo que muestra un antecedente de la importancia para aumentar la producción.

Un desafío global ante una población que crece a tasas cada vez más aceleradas, y que de acuerdo a las proyecciones, el 2050 serán cerca de 10 mil millones de habitantes en el planeta, lo que significará aumentar en un 70% la producción actual de alimentos, el doble de lo que actual se comercializa en el mundo.

 

 

 

Agricultura 4.0

Chile es el principal país en el hemisferio sur dedicado a la exportación de fruta fresca, por lo que la industria presenta también constantes desafíos para contar con un producto de calidad, que llegue en las mejores condiciones a su lugar de destino. Frente a la intención dar mayor vida a las frutas mediante la innovación, nació PolyNatural, la primera cobertura 100% natural y orgánica, tecnología que funciona como un recubrimiento de la producción en las empresas de packing que extiende la vida útil de la fruta.  Actualmente, países europeos han demandado por fruta sin ningún producto recubierto sintéticamente. Así surge una posibilidad de adopción de este tipo de tecnología por parte de las exportadoras explica Francisco Palma, fundador del producto, que se convirtió en una alternativa viable, fácil de implementar y con un performance tal como los productos sintéticos.

Una solución post cosecha parte de la cadena de abastecimiento, que cumple labores en las instalaciones de fierro de las acopiadoras de fruta, porque es por ahí por donde pasan las cosechas, pero que tiene su real impacto en consumidores conscientes que buscan alternativas naturales. ”Las Naciones Unidas fijaron 17 pilares de economía sostenible, y es ahí donde se enmarcan varios de los conceptos que se utilizan para ver determinar la tecnología”, relata Palma, encontrando con PolyNatural su impacto directo en la reducción de los desechos de alimentos. “Nuestro producto reduce el Fruit Waste junto a un impacto en la reducción de la huella hídrica y en la emisión de CO2”, detalla.

Una creación innovadora hecha en Chile que se suma a Instacrops o Agrourbana para enfrentar el panorama local, del cual aún no existen cifras exactas de su automatización, pero que desde la FIA reconocen brechas, como la falta de capital humano capacitado para el uso de estas tecnologías, las capacidad de adquisición entre grandes y pequeños agricultores, y la conectividad rural, esta última una flagelo para utilizar estas herramientas según Ian Homer, ingeniero agrónomo y académico de la Facultad de Ciencias Agronómicas en la Universidad de Chile. “Si queremos automatizar la industria, necesitamos mejorar la conectividad en los campos, que es un punto que limita el avance.  Ahora, los agricultores también pueden generar su propia señal, pero es una espiral costosa”, sintetiza.

Álvaro Eyzaguirre, de la FIA, sentencia que frente a la necesidad de automatizar la industria, desde el Ministerio de Agricultura se está elaborando una hoja de ruta del Agro 4.0, para abordar estas brechas y avanzar hacia la digitalización, de la que aún no se conocen fechas, pero que busca responder ante un mercado en el que Chile genera altos réditos.