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El actual paisaje agrícola de Sonsón nunca fue el mismo. Bien lo sabe Luis Antonio Suaza, un agricultor que hoy se dedica a la producción de aguacate orgánico y que, en su día, fue uno de los fundadores de la Asociación de Productores de Aguacate de Sonsón. “Hace unos años, en las zonas más altas la gente cultivaba café arábigo, las zonas más bajas se dedicaban a la ganadería y en la tierra fría eran una belleza los cultivos de maíz, papa, alverja y frijol. También era muy común ver el desfile de trabajadores que, con azadón en mano, marchaban a cultivar las papas”, recuerda sobre cómo era, no hasta hace mucho tiempo, un territorio que hoy está cubriéndose de aguacates. Y es que Sonsón se ha convertido en el segundo municipio de Antioquia con la mayor área plantada de esta especie. En concreto, se calcula que hay unas 4.200 hectáreas (ha) que producen cerca de 36.400 toneladas cada campaña.

El aguacate ha ido cambiado la vida a los sonsoneños. “Cuando se cultivaba café, nunca vi que los cafetaleros se compraran la última camioneta, pero ahora los productores de aguacates la tienen”, cuenta. “Un agricultor que tiene 200 o 300 árboles bien tenidos, puede vivir muy bien. Hoy se ve mucha inversión y progreso”, añade. El secretario de Agricultura de Antioquia, Rodolfo Correa, concuerda que con este ‘boom’ del aguacate, “se han logrado mejorar los ingresos de los productores, ya que se pueden suscribir contratos a futuro con precios de sustentación con base en la cotización y los negocios internacionales”. No solo eso, porque este cultivo ha permitido dinamizar la economía local, incrementando la oferta de bienes y servicios. Así, se ha ido tejiendo una cada vez más robusta industria auxiliar en torno al sector aguacatero, pero también se han mejorado el transporte, el comercio y el turismo.

Exactamente hace veintidós años atrás, solo había 1.200 ha dedicadas al aguacate Hass en Antioquia y en todo este tiempo ha habido un crecimiento del 1.622% para contar hoy en día con 20.668 ha dedicadas a este cultivo. Para Rodolfo Correa, desde el punto de vista paisajístico, en los municipios de Urrao y Sonsón es donde se aprecia con claridad la transformación productiva. “Donde antes había rastrojos o pastizales, hay puro cultivo de aguacate Hass”. Y la llegada de este frutal se ha convertido en una oportunidad para las regiones. La mejor forma de palpar lo anterior es el incremento del empleo local, tanto rural como urbano. Desde 2005, año en que se iniciaron en firme las inversiones en este cultivo, el empleo agrícola ha aumentado 223%, generando 11.393 empleos directos en 2021, mientras que en 2005 había 3.526.

“Los locos abrimos los caminos por donde más tarde caminan los sabios”, dice Suaza, sobre cómo se han ido sucediendo las inversiones, locales y extranjeras, en estas tierras donde además de Sonsón y Urrao, se han incluido en este ‘boom’ El Retiro, Abejorral, Jericó, Támesis, San Vicente, La Ceja, Marinilla y El Peñol. Precisamente en esta última localidad trabaja Leidy Johana Quinchía. Lo hace como empleada de Agrícola Los Paltos, empresa que el ingeniero agrónomo y asesor internacional, Marco Mattar, instaló allí hace poco más de una década. Leidy cuenta que antes cogía fríjol y tomate de árbol e incluso se había aventurado a producir pimentón, pero todo cambió con el aguacate. Trabajando en este sector ha podido mejorar sus ingresos y su calidad de vida. “Con la empresa lo tengo todo”, dice una trabajadora que se hoy se dedica a labores de fertilización y a trabajar en el vivero.

Su compañero Wilmar Alzate también trabaja en Agrícola Los Paltos, aunque antes trabajaba en lo que iba saliendo en el día. “Con la llegada del aguacate, tengo mejores condiciones. Hoy tengo contrato y todas las precisiones de la ley”,cuenta.

Marco Mattar había venido a Colombia no precisamente por el aguacate, pero hoy es una de sus principales motivaciones. Sus socios, José y Daniela Canessa, fueron los primeros chilenos que llegaron al país con la intención de cultivar aguacates. De eso ya han pasado once años, cuando se aventuran a levantar lo que hoy en día es Agrícola Los Paltos, una empresa que tiene fincas en Sonsón y El Peñol, en el oriente antioqueño, en un proyecto que hoy suma aproximadamente 100 ha, de las cuales ya han instalado 60 ha.

Con el correr de los años se han instalado en esta zona productora, pero también en el Eje Cafetero, empresas de distinto tamaño y de diferentes orígenes. Hasta aquí han llegado firmas chilenas, peruanas, mexicanas y estadounidenses; interesadas en desarrollar proyectos productivos en una zona privilegiada para el cultivo de aguacates Hass. Asimismo, esta fruta ha seducido a los agricultores locales, quienes han instalado fincas de diverso tamaño.

Para Mattar, la cantidad de hectáreas no es un asunto relevante en Colombia, sino que será el manejo de la finca lo que determinará el éxito o el fracaso de un proyecto productivo. “Mi percepción y lo que estoy viendo con la realidad actual, es que, en empresas de un tamaño como la nuestra, se pueden realizar mejores manejos. También la logística es más simple”. Además, el hecho de ser una empresa pequeña les ha permitido reaccionar rápidamente ante cualquier imprevisto en las fincas. “Creo que las empresas gigantes van a tener que adaptarse logísticamente a su tamaño”,advierte el asesor.

Y es que la logística es un tema clave. Para llegar hasta los campos de Agrícola Los Paltos en Sonsón, es necesario recorrer un camino de más de dos horas desde Medellín. Una vez se llega a Sonsón, el camino hacia la vereda Sirgua, donde se sitúa el cultivo, se traza en medio de una angosta carretera que conduce a una de las zonas más productivas de la región. Con una altura promedio de entre 2.200 a 2.500 msnm en campo y una temperatura máxima que no supera los 26°C y una mínima que no baja de los 14°C, “estamos en un lugar privilegiado”, subraya Mattar.

El auge del aguacate en esta zona se ha dejado ver no solo en los cambios que ha tenido la región, donde antes había violencia y pobreza. Hoy se puede decir que hay una ‘bonanza aguacatera’, que ha tenido un impacto también en el valor de la tierra que, si bien aumentado sigue siendo más barata que en otros países.

“Desde que iniciamos con nuestras plantaciones, al día de hoy, el costo de la tierra se ha incrementado considerablemente”, explica Mattar, quien hoy en día además de estar al frente de su empresa, asesora a otras compañías en el manejo del cultivo, no solo en Antioquia, sino también en el Eje Cafetero.

DOS REALIDADES DISTINTAS, UN SOLO PROPÓSITO: PRODUCIR FRUTA DE CALIDAD

Los campos con los que cuenta Agricola los Paltos, están basados en dos realidades. Sonsón está hecho a la medida y bajo las indicaciones de Marco. Ahí compraron un campo virgen, definieron sus propias distancias de plantación y compraron el material. Sin embargo, El Peñol es un huerto más adulto, y les ha servido para empezar a producir sus propias plantas, además, en este campo (El Peñol) están haciendo ensayos de riego, y podas severas para recuperación de árboles y los resultados han sido satisfactorios.

Paula Vallejo, ingeniera agrónoma de la empresa cuenta que, en Sonsón, por ejemplo, los marcos de plantación son de 6×2, mientras que en El Peñol son de 5×4. “Trabajamos muy al ritmo de la teoría chilena”, afirma sobre las distancias que manejan en los huertos. “En esa distancia de 5×4 tenemos patrón criollo sobre Hass y Hass sobre Hass. Precisamente el lote estrella, una hectárea con cerca de 520 árboles, está plantada con Hass sobre Hass y los resultados han sido muy buenos. No bajan de 20 a 22 toneladas por hectárea, mientras que el criollo se nos puede bajar incluso a menos de la mitad”, explica.

La calidad del material vegetal es un aspecto fundamental para seguir desarrollando el proyecto. Por ello, aquella fruta que no califica para la exportación se usa en el vivero para obtener semillas y continuar la producción de plantas, siempre usando Hass sobre Hass como combinación de variedad y portainjerto, con las cuales esperan terminar de plantar la superficie que aún les resta por hacer. “Hacer Hass sobre Hass tiene un inconveniente, pues las semillas deben tener un gramaje mínimo. Para Hass son 30 a 35 gramos, para criollo son 50. Entonces, por ejemplo, tú tomas un papelillo y la semilla siempre es grande, pero hemos notado que, en Sonsón, podemos tener frutas grandes, pero necesariamente la semilla no lo es y eso hace que, si tienes un proyecto de Hass sobre Hass no consigas el suficiente material para hacerlo”, explica el asesor, añadiendo que no tienen prisa de plantar rápido lo que aún falta y que la idea es seguir apostando por esta combinación variedad/portainjerto, que es con la cual han obtenido buenos resultados.

Según Vallejo, a diferencia de lo que algunos creen de este patrón, a ellos les ha ido muy bien. Incluso los decaimientos que han notado en algunos árboles han sido los plantados sobre criollo. “Para recuperar esos árboles empezamos con el proceso de podas fuertes y empezamos a notar brotaciones con más vigor. Además, después de la poda, empezamos a aumentar la fertilización, nos vamos cada 45 días, cuando antes lo hacíamos cada dos o tres meses”, resalta Vallejo. “El árbol siempre deja una yema dormida por si el día de mañana tiene que renovarse y es lo que está ocurriendo. Por eso, la instrucción es la siguiente: cada árbol que se vea débil, se cosecha y se hace una poda fuerte para volver a reformarlo”, precisa Marco Mattar.

Con estas estrategias que vienen implementando y con un estricto manejo del cultivo, Agrícola Los Paltos exportó durante el año pasado más de 130 toneladas de fruta y para el cierre de 2022 el objetivo es enviar el doble de fruta, es decir, aproximadamente 260 toneladas. Para ello, trabajan al menos con dos comercializadoras aliadas. “Esto lo hacemos por estrategia”, señala Paula Vallejo y agrega que, además de tener siempre dos opciones para la comercialización, Agrícola Los Paltos ha optado por certificarse por su propia cuenta y esto les ha permitido ser selectivos al momento de vender su fruta.  “Le hemos vendido a Westfalia, Frutty Green, Baika, Cartama. También tuvimos una experiencia y vendimos un porcentaje a la nueva exportadora Talsa”, cuenta.

APLICACIONES RÁPIDAS Y OPORTUNAS

Para el manejo en campo y lograr aplicaciones rápidas y oportunas, en esta compañía han optado por hacer uso de un fumiducto que consiste en enterrar una tubería con un punto de enganche. Los pesticidas se preparan en un punto único y de ahí en adelante, los operarios optan por conectarse y desconectarse según la zona de aplicación. “Ya no dependemos de una motobomba pequeña que debe estarse cargando y moviendo los tanques de agua”, señala Mattar e indica que la dirección de las aplicaciones va a depender del viento predominante.

Algo que también es particular en las plantaciones de Agrícola Los Paltos y que tiene que ver con el manejo, es que cada trabajador tiene asignado un lote. “El manejo de persona por lote nos ha arrojado muy buenos resultados, hay una mejor capacidad de respuesta en caso tal de que haya presencia de alguna plaga o enfermedad”, dice Uber David, jefe general de la empresa en Sonsón. Explica que, en Antioquia, se utiliza una persona por cada 1.000 árboles y en El Peñol, son casi en 3.000 árboles por persona. “En cosecha se motiva a los empleados y se les paga por kilo cosechado, así ha habido mayores rendimientos con los trabajadores”.

INFRAESTRUCTURA, UN TEMA QUE SE DEBE MEJORAR

Sin embargo, pese a los buenos resultados que han logrado obtener, Mattar dice que no todo es color de rosas y que hay ciertos aspectos en los que Colombia debe seguir trabajando para que el aguacate llegue a consolidarse como una gran industria. “La logística y el mal estado de algunas vías de acceso hasta los cultivos nos afecta, incluso para sacar la fruta. Debemos hacerlo en camionetas turbo con capacidad de máximo ocho toneladas y estos nos incrementa los costos en el transporte”, advierte.

Además, agrega que hacen faltan packings en la zona. Incluso, para el volumen que se produce en Sonsón, que son más de 218.000 toneladas hay uno solo, el de Westfalia. “Los packing son pequeños y, por lo general, reaccionan cuando hay una crisis logística. Sin embargo, he visto que algunos ya vienen haciendo ampliaciones”. Pero más allá de eso se mantiene firme y sigue creyendo en el negocio. “No me pienso devolver a Chile, ni me voy a ir a Perú, yo le creo al negocio del aguacate en Colombia, pero debemos seguir trabajando en nuestra ‘pata coja’, la logística y el medio ambiente, porque nos tienen satanizados y se debe entender que el aguacate no es malo, ni va a acabar con el agua”. 

Más allá de los retos que se presentan, el potencial para crecer está. “Creo que aún hay tierras para seguir plantando aguacate, pero al ser un negocio tan atractivo pienso que los costos se van a seguir disparando”, señala Sergio Plata Ortiz, gerente general en Colombia de la compañía chilena Baika.

No obstante, dice Plata que, aunque hay tierras, los productores deben tener presente que, si se rompen las barreras de los 2.500 a 2.600 msnm, el cultivo puede generar muchos inconvenientes en lo que tiene que ver con el tiempo en que los campos lleguen a producción. “Con esa altura, un campo no va a entrar a producir al tercer o cuarto año, sino tal vez al sexto o más. Las zonas que sobrepasan esta altura, son bastante complicadas y lo que he visto, aunque no propiamente en estos municipios de Antioquia, sino en otros lugares es que sí hay algunos productores que están entrando a comprar estas tierras”. Añade que ahí, los árboles no reaccionan igual, son mucho más lentos y, por ende, su desarrollo es mucho más pausado.

¿DÓNDE ESTÁ EL TECHO COMO PRODUCTOR DE AGUACATE?

El país va avanzando a pasos agigantados en esta industria, pero ¿dónde está el techo? “Colombia tiene un amplio potencial productivo, incluso se habla de que el país pudiese llegar a tener 50.000 hectáreas productivas de aguacate, hoy en día, ya hay más o menos unas 30.000. Y si decimos que Colombia tiene un potencial productivo de 10 toneladas por hectárea, como promedio, y llegamos a un tope de 50.000 hectárea productivas, estaríamos hablando de que vamos a producir 500.000 toneladas cada campaña, que es lo que hoy en día produce, en promedio, Perú”, destaca Plata.

Añade que, si se logra aumentar productivamente ese promedio, no a 10 t/ha, sino a 12 t/ha, Colombia podría llegar a convertirse en el segundo principal exportador de aguacate después de México, siempre y cuando, Perú no crezca en su superficie productiva. “Podemos lograrlo, podemos pasar a Perú productivamente, pero, por ejemplo, si vería muy difícil que lleguemos alguna vez a los niveles de México”, agrega.

Por su parte, Juan David Restrepo, gerente de la Asociación de Productores de Aguacate Hass Colombia argumenta que aún el país tiene mucho en que trabajar, sobre todo en la planificación de la producción. “Esto es clave porque podemos estar en riesgo de sufrir un momento desbalanceado entre la demanda y la oferta y mi análisis es que en el largo plazo va a seguir siendo mayor la demanda. Por eso no me atrevería a hablar de un ‘techo’, porque lo primero es hacer una planificación gradual para no sufrir ese desbalance”.

En línea con esto, Mattar agrega que, “hoy día estamos como en la ‘primera ola’ del aguacate en Colombia. Hemos pasado de campos que se fertilizaban una o dos veces al año y que ahora se fertilizan cada 45 días, estábamos con unas distancias de plantación muy amplias, ahora se redujeron. En sí, estamos avanzando muy rápido y vamos seguir avanzando en cuestiones de manejo”, explica sobre una industria que se ha ido construyendo con mayor rapidez que la industria aguacatera chilena o peruana. En ese sentido, el papel de las empresas extranjeras que han llegado con su experiencia y que no quieren cometer los mismos errores que ya se cometieron en el pasado, ha sido fundamental, cuando el ‘boom’ del aguacate apenas estaba iniciando.