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Queremos que la agricultura verde aporte a la disminución del efecto invernadero y entregue relevancia a la agroecología y a los fertilizantes naturales con restauración ecológica de suelos y forestación nativa: queremos cumplir los compromisos internacionales y lograr que el 20 % de la actividad tenga trazabilidad agroecológica al 2030, disminuir metano en la ganadería y alcanzar las metas de forestación ante la COP.

 

Sustentable, cohesiva, inclusiva y dinámica. Esas son las características que deberá tener nuestra agricultura en los próximos 10 años. Lo primero, el uso responsable del agua. Por eso, apoyamos la corresponsabilidad para entregar seguridad de abastecimiento a las aguas potable y de riego para toda la familia agrícola, pero –y esto es importante– con gobernanza multiactor de las cuencas, observatorio de acuíferos con información compartida, avance en tecnificación por áreas integrales y solidaridad en sequía con equipos de tareas conjuntas en los territorios, levantando barreras a los proyectos de la Agricultura Familiar Campesina y comunidades de pueblos originarios. La meta es bajar de 80 a 70 por ciento el uso del agua para fines silvoagropecuarios de aquí al 2030. El Presidente Boric nos ha pedido a seis ministerios colaborar en la gestión colegiada como Comité para la Transición Hídrica, con bajada territorial en consejos de cuencas y acción eficiente.

Lo segundo es fortalecer las redes de ciencia y datos aplicados para innovación que nos permita un salto en diversidad, productividad y uso responsable de los recursos, así como expansión del valor de la vida rural como paradigma de innovaciones amables y sustentables.

Tercero, soberanía y seguridad alimentaria, valorando nuestros saberes, semillas, producción local y regional diversificada con mayor consumo de frutas, verduras y productos ganaderos y lecheros de calidad, con el objeto de recuperar al 2026 la producción de cereales, carne y leche que se ha perdido, según el Censo agrícola. Fortalecer los circuitos cortos intrarregionales, las compras de vegetales frescos y miel en las compras públicas, los mercados campesinos, los sistemas municipales de compostaje para surtirnos en los huertos de fertilizantes orgánicos, como lo hace Santa Juana.

Cuarto, convertirnos en los top 10 en frutas y vinos al 2030, y entrar a los top 20 en verduras, productos agroindustriales y artesanías. Nuestra apuesta es situar a Chile como ejemplo de exportación de productos agropecuarios con valor agregado y artesanal, trazabilidad ambiental y alimentación sana en la lucha contra el hambre y la solidaridad global. La industria de jugos de berries, la reactivación de la educación técnico rural en diversificación y creatividad, con academias online serán el sello.

Quinto, aumentar del 15 al 30% el gasto descentralizado para el desarrollo rural. ¿Cómo? Obteniendo fondos para el desarrollo rural integral en agua, educación, conectividad, salud y cultura por la vía del sistema tributario justo, que incluya fondos de convergencia territorial que permitan romper brechas en conectividad, caminos, educación, fomentar el turismo rural a gran escala. Europa es el ejemplo con sus fondos que privilegian las zonas rurales.

Sexto, entregar valor agregado a nuestros productos y potenciar el cuidado de la biodiversidad a través de un pacto ecosocial e industrial en las zonas forestales, que incluyan compartir tributación con comunidades mapuche y gobiernos locales, cuidado de biodiversidad y agregación de valor con industrias de la madera, viviendas y muebles. Nuestra meta es que, al 2030, el 30% de la industria forestal sea madera elaborada y productos industriales con valor.

Séptimo, queremos que la agricultura verde aporte a la disminución del efecto invernadero y entregue relevancia a la agroecología y a los fertilizantes naturales con restauración ecológica de suelos y forestación nativa: queremos cumplir los compromisos internacionales y lograr que el 20 % de la actividad tenga trazabilidad agroecológica al 2030, disminuir metano en la ganadería y alcanzar las metas de forestación ante la COP.

Octavo, nuestra meta es mejorar el promedio salarial en las regiones agrícolas al 2026. Para aquello impulsaremos la cohesión social y la paridad de género en la agricultura con estatuto de los trabajadores de temporada, aumento de la sindicalización y negociación colectiva, pero con apoyo preferencial a productoras e incidencia de lideresas en organizaciones e instituciones del agro. En esta apuesta buscamos que al 2030 las regiones agrícolas estén sobre el 80% del promedio salarial del país con paridad en cargos directivos.

En noveno lugar, nuestro decálogo apunta a la plurinacionalidad valorativa en la agricultura que se reconoce en la tradición de mapuche, aymaras y pueblos andinos en su propio desarrollo histórico, integrando saberes de nuestros pueblos/naciones originarios en todo su quehacer, incluyendo profesionales en cargos directivos y fuerza a la organización y acuerdos.

Finalmente, la apuesta de este ministro y del ministerio es potenciar la colaboración y la economía circular en la agricultura con ejemplo de reciclaje y apoyar a los pequeños productores con compostajes, vínculo con municipios y empresas con crianceros, huertos y sistemas de parques. Queremos llegar al 2020 con una disminución de residuos del 20%, a través de redes de economía circular y reciclaje.

 

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Fuente: El Mostrador